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jueves, 15 de diciembre de 2011

Cuando las Industrias son el Demonio...

Muy buenas a todos,

No sé si algún día lo dije pero vivo en un pueblo de unos 80.000 habitantes en Galicia; se llama Pontevedra, situada en la boca de una ría a caballo entre Vigo y Santiago de Compostela.

Pontevedra toda la vida ha sido una ciudad de señoritos y funcionarios. Fue, (y quiero pensar en que fue) la ciudad más clasista de Galicia, con cosas como la de tener dos Alamedas separadas en las que aún no hace muchos años, los señoritos se paseaban en una, y el pueblo llano en otra. Esto, ha ido cambiando con los años a pesar de que aún queden retales...

Pontevedra, es probablemente “la mejor ciudad del mundo para vivir” y probablemente también, “la peor ciudad del mundo para trabajar”. Básicamente porque no hay trabajo, entendiendo por trabajo empresas que generen riqueza y empleo. Servicios nos sobran, y es una pena porque si hubiese una política de conciliación entre esos dos términos, para todos hubiese sido mucho mejor.

Últimamente, han florecido Museos “por doquier” a lo largo de toda la ciudad. Pobre de ti que le des una patada al suelo en esta ciudad, porque seguramente aparecerá alguna piedra “a la que venerar”. Y digo esto, porque nos hemos convertido en la ciudad con más museos por habitante de España, sólo deciros, “que los únicos que viven del pasado, son los Museos”.

Pontevedra siempre ha vivido de rentas, de pasear por sus calles “peoniles”, de sus cotilleos, de su pequeño comercio, del ladrillo en los últimos años,  y por supuesto, “de mirar extasiados para el Santuario de la Peregrina” pensando que nos regalaban nóminas.


Hemos tenido unos políticos cuya mentalidad está a años luz de crear riqueza a través de la industria, que siempre han puesto todas las trabas posibles a la ubicación de cualquier empresa, que han generado cualquier cosa, menos empleo. Pero dinero para actividades medievales, y otros eventos de carácter popular, que no falte.
 Es muy curioso esto que digo, porque cualquier ciudad del planeta, “mataría” con la crisis y el paro que está cayendo, con tal de que una empresa cumpliendo todas las normas, se ubicase en su región. Pero donde no hay, no se puede sacar.

De lo que os hablo aqui, ya no es un tema “de derechas, de izquierdas, o de mediopensionistas”, sino de sentido común, algo que no abunda mucho.

Estos días, debaten la salida de la única industria que mueve este pueblo, Una empresa pastera. Una empresa que mueve 5.000 empleos directos e indirectos en la comarca; esto se traduce en tener dinero para comer a final de mes, que con la que cae, no es poco. Una industria que en el puerto de Marín mueve 600.000 toneladas anuales, que hace mover el comercio, los servicios, las oficinas bancarias, el transportes, y todas empresas proveedoras y auxiliares que morirán si esta empresa matriz desapareciese. Para entendernos, lo que en el resto del mundo se entiende por “Riqueza”.

 
“Le invitan a irse” porque le han puesto una fecha de caducidad como a los yogures; lo curioso del tema es que cumple con todos los permisos medioambientales y de gestión de residuos. Seguramente contaminó en su día, pero hoy un tema tan sensible como el impacto medioambiental, se lleva rajatabla. 
Se marisquea delante, y se bañana en las playas de lourido justo enfrente, y los que tratan de cerrarla, argumentan que es que está pegada a la ría, entre Marín y Pontevedra, y “afea la vista” ; que a la gente no le gusta, como si lo que estuviesen viendo, “fuese un cuadro de Picasso”. La cosa tiene coña.

Me encuentro legitimado para escribir este post,  porque alguno puede decir que tengo algún interés particular en esta Fábrica, pues nada más lejos de la realidad, si cerrase mañana mismo, a mi no me iba a pasar “absolutamente nada”; pero lo que sí es cierto, es que el golpe económico, esta “estocada final” para la ciudad, que no se daría precisamente en el coso de San Roque, sino en los "despachos de cuatro iluminados" que en su vida han visto una empresa, ni saben lo que su cierre supone, pues sería el final de muchas cosas.

 
Me hace gracia los que se llenan la boca con lo de la “capitalidad” del pueblo, y después se olvidan de los intereses “de lo que realmente importa”.

Me pregunto de qué queremos vivir, si es tan dificil entender que lo que genera riqueza y empleo son las empresas y la industria, cosas imprescindibles en cualquier ciudad que se precie, y no hace ser muy inteligente para decir esto, simplemente tener un mínimo de sentido común y responsabilidad, de respeto por puestos de trabajo que se eliminan día a día.

“Estaré siempre a favor de una empresa que genere puestos de trabajo, aunque sea sólo uno,  y genere riqueza para cualquier lugar, se llame Ence o se llame como quiera. Muchos no piensan lo mismo a esto último. Es surrealista”.

Y es una pena, supongo que para los que como yo, somos de este pueblo, nuestro trabajo y destino está fuera; habrá que dar las gracias a todos aquellos que ayudaron a matar a esta ciudad. 

 Vendremos los fines de semana, tomaremos nuestras cañas con los amigos, pasearemos por sus calles  peatonales y de lombos, y diremos aquello de: “Hay que ver qué bonita esta Pontevedra”. Una pena, de verdad

"La indiferencia y el silencio ante cualquier problema es algo que nunca he soportado; vivimos en una sociedad anestesiada, silente y enferma, y yo al menos, no me voy a quedar callado. Allá cada uno con su conciencia".

saludos a todos,
Jano

lunes, 20 de septiembre de 2010

"REVOLUCION GOLEMAN"



Muy buenas a todos!!

Este verano, he tenido tiempo para poner un poco al día, esa lista interminable de libros que tienes ganas de leer, pero que nunca tienes tiempo.

He podido leer alguna biografía, alguna novela, alguno de autoayuda, y algunos sobre economía y política… pero si hay uno, que realmente me ha dejado impresionado, que si tuviese que calificarlo con una palabra, esta sería la de “brutal”, ha sido este:

“INTELIGENCIA ECOLOGICA”
, escrito por Daniel Goleman.

Goleman, fue autor hace años de un libro revolucionario en las relaciones interpersonales titulado “Inteligencia emocional” del que muchos habréis oído hablar, y aún hoy, es una referencia mundial.
Os recomiendo que lo leais, “el futuro de las empresas que se dediquen a producir algo, pasa por aquí, suena utópico, y hoy lo es, dentro de 15 años no lo será".

Os dejo un video en el que le hace una entrevista Eduardo Punset hablando sobre el libro y sobre el concepto de “Inteligencia Ecológica”:



A los que sigan interesados después de ver el video, adjunto también una entrevista que le realizaron hace poco:

¿Qué le ha llevado a zambullirse en la ecología?

La sensibilidad por querer escuchar y comprender los mensajes que nos está enviando nuestra casa, el planeta Tierra. Por mucho que lo asfaltemos con sistemas sociales y económicos, este ente vivo sigue estando ahí, ofreciéndonos lo que necesitamos para sobrevivir y disfrutar de esta maravillosa experiencia de aprendizaje y evolución a la que llamamos “vida”. Tras muchos siglos de ignorar, manipular e incluso violar el medio ambiente, éste parece estar reclamando a las empresas y a la sociedad que lo tengamos en cuenta cada vez que tomemos decisiones relacionadas con la producción y el consumo.

Usted afirma que “los cambios suelen producirse cuando ya no queda otro remedio”

Y en este caso, más que nunca, pues nuestra percepción como seres humanos no está diseñada para procesar la destrucción del planeta, lo que dificulta la movilización para el cambio. En general, seguimos sin saber el verdadero impacto ecológico de los productos que consumimos. Debido a esta ignorancia y la inconsciencia de no querer aprender, la mayoría somos víctimas y verdugos de la paulatina degradación del medio ambiente. Aquí no hay culpables. Sólo responsables. Basta con que nos miremos al espejo. La solución pasa por desarrollar nuestra inteligencia ecológica.

¿En qué consiste?
La inteligencia ecológica es la capacidad de vivir tratando de dañar lo menos posible a la naturaleza. Consiste en comprender qué consecuencias tienen sobre el medio ambiente las decisiones que tomamos en nuestro día a día e intentar, en la medida de lo posible, elegir las más beneficiosas para la salud del planeta. La paradoja reside en que cuanto más coherentes somos con su bienestar, más invertimos en el nuestro.

¿A qué se refiere?
Si nos fijamos, lo que la sociedad considera normal está muy lejos de ser natural. Basta con entrar en un supermercado para comprobarlo. Nuestra comida no procede del huerto, sino del laboratorio. Y aunque nos cueste reconocerlo, no somos hijos de la tecnología, sino de la naturaleza. Así, desarrollar nuestra inteligencia ecológica no es más que tomar decisiones que nos permitan recuperar el contacto con lo que verdaderamente somos, lo que mejora nuestra salud física y emocional.

¿Se refiere al consumo consciente?
Exacto. Donde ponemos nuestro dinero, ponemos nuestra energía. Y con ésta se crea el mundo. Si nadie compra un determinado producto o servicio, desaparece del mercado. El consumo consciente parte de la responsabilidad personal (compro lo que necesito y no lo que la publicidad me hace desear) y de la consciencia ecológica (me informo de si lo que compro se fabrica respetando el medio ambiente).

¿Y qué hay de las empresas que los producen y venden?
Cuanto más se despierte esta consciencia en la sociedad, más rápidamente deberán cambiar y evolucionar para adaptarse y sobrevivir económicamente. La revolución está en manos de los consumidores. De ahí que lo mejor que podemos hacer es apoyar el CONSUMO ECOLÓGICO en toda la gama de productos y servicios que ofrece en la actualidad. Las corporaciones empresariales no se preocupan hasta que lo hacen los consumidores.

También dice que por el camino va a surgir la “transparencia radical”
Es el puente que nos permitirá evolucionar hacia el consumo consciente. Cuando la sociedad sepa qué impacto ecológico tiene cada producto que consume, empezará a poder consumir por valores, dejando de hacerlo por impulsos. Así, la transparencia radical nos permitirá advertir las consecuencias de las cosas que fabricamos, vendemos, compramos y descartamos, un conocimiento que va mucho más allá de la zona de comodidad habitual en la que está apalancada la inmensa mayoría de empresas.

Así que el futuro pinta verde…

¡Sin duda! La revelación ecológica nos abre un horizonte económico hasta ahora inédito que consiste en implantar una regulación que aporte transparencia al mercado y nos permita conocer el impacto oculto de nuestras compras. De ese modo, los consumidores tendremos una detallada información sobre el impacto de nuestras decisiones, muy parecida a la que emplean los analistas de mercado para ponderar los beneficios y las pérdidas de las empresas. En un máximo de 20 años, las empresas que apuesten por la sostenibilidad se verán recompensadas, mientras que las que se resistan al cambio tenderán a desaparecer.



Os lo recomiendo, es una lectura fácil, estamos tan lejos de acercarnos a lo que Goleman dice en su libro, que me parece más que utópico, pero ya hay empresas en EEUU que estan aplicando este concepto, y es que las empresas que se dediquen a fabricar cualquier producto en el futuro, tendrán que tener en mente, que todos los factores que realizan en su proceso de fabricación, dañen y repercutan lo menos posible el planeta.

“Los consumidores tenemos el poder, pero hace falta que nos lo creamos”,

Saludos a todos y gracias por entrar una vez más en este lugar

jano1880@hotmail.com